martes, marzo 28, 2006

POLITICA

¡Que cosas!, ¡Es posible!. El "Taliban de sacristía" (del Olmo dixit) se supera día a día.
Sigue la campaña "antimonárquica" de Jiménez Losantos
El vocero que anteayer daba como siempre los malos días desde su púlpito con: Todos ustedes son idiotas , ayer vovía a la carga contra el Rey "El Rey, que se calle" . Hoy leemos que Blazquez pide unidad a los partidos políticos tras la tregua......¿ Llamará Jiménez Losantos también idiotas a los obispos que le pagan?.
Perlas en la tregua leídas en escolar.net
Alcaraz, al estilo de Ynestrillas :"Hay víctimas dispuestas a tomarse la justicia por su mano si excarcelan al asesino de su familia"Francisco Alcaraz, presidente de la AVT ./ Acebes veo muertos :Uno, dos, dónde está AcebesTres, cuatro, viene a por ti./ Jimenez lo Santos:Todos ustedes son idiotas

lunes, marzo 27, 2006

Maniobras contra Rajoy en el PP
Pablo Sebastián / estrelladigital.es
El líder de la oposición, Mariano Rajoy, se enfrenta a dos retos simultáneos: la decisión que debe tomar el martes sobre el posible apoyo del PP al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de cara a la negociación con ETA, y las maniobras internas y cada vez más evidentes que algunos dirigentes de su propio partido, Zaplana, Acebes, Matas y Aragonés (apoyados en El Mundo y la COPE), están organizando contra Rajoy para llevarlo al precipicio de la extrema derecha con la clara intención de despeñarlo en las elecciones generales para hacerse ellos con el control y poder del PP, una vez que estos agitadores internos del Partido Popular dan por perdidos los próximos comicios, sobre todo si se confirma la tregua de ETA.
Rajoy sabe o debería saber que ambos desafíos están íntimamente relacionados entre sí porque los revoltosos del PP están intentando —desde que ETA declaró el alto el fuego permanente— que el PP no apoye a Zapatero en la negociación con ETA, o que le ponga unas condiciones tan rígidas que haga imposible dicha colaboración a corto o a medio plazo. Para comprobar todo esto bastaba, en las primeras horas que siguieron al anuncio de la tregua, escuchar a estos dirigentes del PP o leer y oír a los abanderados de los aquí citados medios de comunicación, en cuyas aguas o piscina nada el sindicato de intereses mutuos de la nueva extrema derecha del PP, que actúa como trama organizada desde hace tiempo, sincronizando la acción política y mediática en los distintos escenarios.
En especial con la conspiración del 11M y su famosa mochila, y ahora contra la tregua de ETA, utilizando de nexo entre una y otra cosa el Estatuto catalán. Estatuto donde sí le asiste la razón al PP para pedirle responsabilidades y reformas a Zapatero, pero no para convertirlo en lanzadera de toda clase de invectivas como las del 11M, o ahora las de la tregua etarra.
El último disparate de este sindicato de conspiradores internos del PP, que se disfrazan de liberales —ellos sí que tienen afición al disfraz y se pasan días en Cádiz haciéndose fotos en el monumento a la Constitución de 1812—, es proponer a Rajoy que prepare, en las actuales circunstancias, de apoyo mayoritario de los españoles a Zapatero y de vuelco electoral a favor del PSOE, una ¡moción de censura! en el Congreso de los Diputados para que la pierda —El Mundo, 26 de marzo del 2006— y se hunda definitivamente ante los ojos de todos los españoles. Y especialmente ante los sectores más centrados de la sociedad, que están abrumadoramente a favor de la negociación con ETA, al igual que cualquier persona con sentido común.
Aunque al sindicato en cuestión el centro político español no les importa nada porque su estrategia consiste en apoyarse en la militancia y el electorado de la derecha más dura con intención de amenazar políticamente a Rajoy, desde el flanco derecho de su partido —por eso lo llaman “maricomplejines”—, exhibiendo su capacidad de hacer daño desde dentro del territorio del PP, como por ejemplo lo hacen con sus descaradas campañas contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, con un doble objetivo: evitar que el alcalde se convierta en el líder del PP si desfallece o fracasa Rajoy; y atraer a su clan a la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, en cuyo Gobierno de la Comunidad tienen y mueven sus peones Acebes y Aragonés. Aunque cabe esperar que Aguirre no se va a dejar manipular por la derecha bronquista porque pondría en peligro su reelección en la Comunidad de Madrid. Afortunadamente para ella, Aguirre se desmarcó de la oposición a la tregua de ETA que jaleaba este sindicato y parece mantener distancias de este clan, aunque entendemos que no quiera enemistarse con semejante grupo de vociferantes.
Hace tiempo que Rajoy —en el último Congreso del PP o la pasada Convención— debió quitarse de encima a estos personajes que ocupan las portavocías en el partido y en el Congreso de los Diputados y que, además de intrigantes —Aragonés de una manera especial y cada vez más activo—, dan pésima imagen al PP por haber sido ellos notorios protagonistas de los errores y mentiras del 11M y los primeros responsables —con José María Aznar— de la derrota electoral de Rajoy en el 2004, y bien que lo sabe el hoy líder del PP.
Además, su vistoso y ruidoso protagonismo se suele relacionar con facilidad con Aznar, aunque fuentes de FAES aseguran que el ex presidente no pone por ellos la mano en el fuego. Pero Rajoy no es persona a la que les guste “cortar cabezas” y tomar decisiones conflictivas, aunque el político gallego debería saber que si no juega sus cartas y no dirige personalmente —y con su equipo de confianza— el PP y la oposición, al final serán otros los que jueguen por él la partida y los que le lleven a la derrota final si las cosas siguen como van, como le ocurrió en el 2004.
Y allá Rajoy con sus debilidades y decisiones, pero que mire a su alrededor y vea cómo una gran mayoría de ciudadanos quiere y espera que Zapatero explore el final de ETA. Y que recuerde que el PSOE no le puso a Aznar condiciones para negociar con la banda en 1998. Y que piense que si todo esto sale bien será bueno para España, a pesar de las dificultades y riesgos que se anuncian para tan larga travesía, y que el PP tiene que estar implicado en esta oportunidad del fin de ETA, que es la más importante de todas las que se han presentado. Y además, si Rajoy no apoya a Zapatero, el presidente estará en las mejores condiciones y en su derecho —lo estará haga lo que haga el PP— de convocar elecciones generales anticipadas para recabar a título de plebiscito el apoyo mayoritario de los españoles y conformar una mayoría sin dependencia del PP y los nacionalistas.
Es verdad que el Gobierno de Zapatero ha maltratado y aislado al PP, pactando con los nacionalistas acuerdos como el Estatuto catalán que van en contra del interés general de los españoles y de la propia Constitución. Pero en estos momentos se está jugando una partida de mayor calado que hará difícil la labor de la oposición, como le pasó al PSOE en los mejores años de Aznar. Por todo ello Rajoy debe reflexionar, y sobre todo no caer en las trampas y estridencias de estos “brutos” que lo quieren apuñalar y que ya se están repartiendo su herencia y su sitial. Demasiado pronto, por cierto, sobre todo en un país como España donde cualquier cosa puede pasar. Ahí está el 14M para recordar.

martes, marzo 07, 2006


HELENA FIDALGO
el mundo-la cronica
Por los suelos
Debe de ser verdad el dicho ese de que la política está por los suelos; por eso Aznar y Rajoy se agachan para buscarla. El Partido Popular ha organizado un congreso a la americana y lo ha llamado 'convención', que suena sin duda a algo traído de allá. América (la del Norte) tira mucho y en el PP la imitan en los fondos y en las formas. En los fondos, con ese curioso sistema consistente en hacer creer a los demás que la terquedad y el empecinamiento tienen algo que ver con la inteligencia. Se muestran seguros de sí mismos, férreos en la 'línea dura' reclamada a voz en grito por Acebes y Zaplana, compactos como un bloque de piedra, y así consiguen que su inflexible porfía, heredada del padre Aznar, se confunda con la coherencia. Toman también del estilo norteamericano la manía de negar lo evidente, convencidos de que una mentira repetida con entusiasmo puede pasar perfectamente por verdad. Al fin, llegaremos a creer que en su etapa en el Gobierno nunca hubo conversaciones con ETA, tan cierto como que en Irak había armas de destrucción masiva. En cuanto a las formas, altos cargos del partido, interesados en darle un aire espectacular a la reunión, se dedicaron a viajar por Estados Unidos para copiar lo último en diseño de congresos. Concluida la gira, consiguieron traer unas cuantas novedades: por ejemplo, la figura del presentador, que anunciaba a los congresistas como si estuvieran en una gala. También unas cabinas donde se impartían lecciones de telegenia a los asistentes de provincias, considerados un tanto paletos y poco duchos en eso del cultivo de la imagen. Y lo más yanki de todo: la extraña costumbre de sentarse 'informal'
Mira que estaban simpáticos Aznar y Rajoy, penosamente espatarrados en el suelo del recinto ferial, riéndose a mandíbula batiente (¿de qué se reirían, por cierto?). Al principio pensé que igual se habían caído, que en esos sitios enceran mucho el piso, pero esa primera impresión se desvaneció cuando me fijé en sus carcajadas. Normalmente, cuando uno se cae los que se ríen son los otros. No, aquella trabajosa postura era intencionada. Y ellos tan felices, como niños boquiabiertos ante una función de circo. ¡Qué espontaneidad! Yo habría dado algo bueno por verles luego ponerse en pie. A esas edades sentarse en el suelo todavía puede resultar más o menos fácil y no demasiado fatigoso, pero a la hora de levantarse es imposible componer una estampa medianamente digna sin que se descoyunte media docena de articulaciones. Me los imagino braceando o apoyándose con las manos, en cuclillas, mientras intentaban recuperar la vertical, renegando interiormente de la maldita hora en la que se les ocurrió prescindir de la butaca. Todo un espectáculo. Claro que Aznar ya tiene cierta experiencia en eso de sentarse raro. Ya ven, se empieza poniendo los pies sobre la mesa y se termina por los suelos
La disyuntiva de Rajoy
DESDE LA CORTE
FERNANDO ONEGA diario de leon
DE DÓNDE habremos sacado los periodistas que el Partido Popular iba a salir distinto de como entró en su fastuosa Convención? ¿Quién nos ha dicho que iba a sufrir una profunda transformación? Si les digo la verdad, no lo sé. Es de esas sensaciones que, sin explicación racional ni fuente citable, se instalan en la sociedad y se convierten en verdades irrefutables. Y así se produjo una cierta decepción. Como el partido no ha cambiado, ni los discursos dejaron entrever una nueva estrategia, ayer los periódicos contenían muchos lamentos porque no consiguieron ver confirmada la ilusión óptica de una moderación sacada a hombros por Aznar, Rajoy, Acebes y Zaplana, mientras Sarkozy bendecía la beatífica procesión. Vaya por Dios. El caso es que los dirigentes del PP escuchaban eso de viaje al centro y se sentían cómodos. Como piropeados. No es que el centro sea su espacio natural, pero es su espacio deseado. A ningún político le gusta que lo sitúen en la intransigencia. Lo que ocurre es que, cuando los dirigentes populares hablan a sus bases, éstas les aplauden si son duros y contundentes. Cuanto más aticen a Zapatero, y en las zonas donde más le duela, más les aplauden. Y eso marca mucho. A Ruiz Gallardón le aplaudieron poco cuando invocó la moderación. Los ataques a los socialistas fueron recibidos con fervor. En esas condiciones ambientales, ¿quién se atreve a hacer un discurso moderado? Sería un suicidio político.
Sería convertirse en tibio, una herejía en cualquier convención de partido. De esta forma, del encuentro salieron cosas que parecen contradictorias: resoluciones muy avanzadas en lo social, frente a máximo acento conservador en lo político; eslogan de «hay futuro», mientras que se fraguó un clima de homenaje a las glorias recientes, pero pasadas, de José María Aznar; invocaciones a esa repetida moderación, mientras se anunciaba una gran dureza en la crítica al gobierno¿ La consecuencia es que continuará la crispación, porque ni el señor Zapatero va a cambiar su política, ni el PP va a dejar de denunciar que le parece un presidente a la deriva, sin hoja de ruta ni proyecto.
Lo que ocurre es que nada de eso ocurre impunemente. A partir de esta fecha, Rajoy sabe dos cosas, con permiso de Zaplana, que dijo que sólo el modelo de Aznar permite ganar las elecciones. Rajoy sabe que, para mantener el partido unido e ilusionado, tiene que usar la contundencia. Hay mucho militante que le quiere ver como una clonación de Aznar. Pero sabe también que desde fuera piden otra actitud de su partido para traspasar la barrera que, aunque sea injustamente, le separa del centro. Esa es la disyuntiva que le han dejado en medio de aplausos y escenarios a la americana.

miércoles, marzo 01, 2006

El bulo del millón. Por Iñigo Sáenz de Ugarte
Cansado de tanta idiotez en la discusión sobre la asistencia a la manifestación del pasado sábado convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Malaprensa ofrece una imagen reveladora. La parte sombreada es la superficie (42,5 hectáreas) que habrían tenido que ocupar los asistentes si hubieran sido 1.700.000. Incluidos los edificios, que no fueron retirados ese día.
Evidentemente, no había tantos. Lo que no quiere decir que la manifestación fuera un fracaso. Pero el Partido Popular y sus medios afines han decidido por decreto que ninguna de sus concentraciones puede bajar del millón de habitantes. De otra manera, piensan que no calaría la idea de que los españoles han dado la espalda al Gobierno que eligieron en el 2004.
Ésa es una tarea normal en un partido de la oposición. No es tan habitual que algunos periodistas suscriban la versión, obviamente interesada del PP, para luego decir que no importa el tamaño y después que debería haber un "manifestómetro profesional".
Que hagan como Malaprensa, Contrastant y los bloggers del Manifestómetro. Esas herramientas ya existen.
Lo malo es que si te alimentas sólo de la versión del PP, o para el caso del Gobierno, no te puedes quejar de que tu dieta sea baja en proteínas. Para saber cuántas personas (aproximadamente) han asistido a una manifestación ya no es necesario ponerse en manos de un partido político o institución. Otra cosa es que algunos prefieran seguir haciéndolo.